sábado, 20 de julio de 2019

Simbad el Marino: hazañas fundacionales


Alejandro Rozado

-Las mil y una noches (Alf laila ua-laila), Anónimo, Ediciones Huracán, La Habana, 1975  

Cuenta Borges su embelesada experiencia con Las mil y una noches:
Yo siempre fui lector de cuentos. Uno de los primeros libros que leí fue Las mil y una noches en la versión inglesa de Lang. Después he leído otras traducciones que, dicen, son más exactas… pero he tenido la impresión de que todas las versiones que he leído son traducciones de la de Lang, simplemente porque ésta fue la primera que leí; de modo que para mí la versión árabe tiene que ser una traducción más o menos buena de la versión inglesa de Lang.
No es de extrañarse esta lealtad que confiesa el autor de El Aleph por las obras fundamentales -que en realidad se confunden con las lecturas iniciáticas. Toda épica posee una fuerza mágica mayúscula donde cualquier hecho es posible; funda naciones mediante una gran explosión de imágenes poderosas e historias sobredimensionadas. Un Big Bang cultural que lanza a la imaginación en todas las direcciones de un universo que se va creando a sí mismo a través de la socialización de los relatos. Acaso semejante criterio sea condición de las literaturas de fundación (La Biblia, La Odisea, El Grial...): aquellas que inauguran grandes épocas culturales.  

Así sucede también con Las mil y una noches y la civilización islámica. El cruel rey fratricida Scharchiar, fascinado receptor de las historias diarias de Sherezada, contempla cómo se abren las puertas de un mundo maravilloso de aventuras que van sosegando su alma herida. La literatura como curación del espíritu, como cultivo reconciliatorio de las peores voluntades. Tal vez influya en ello la figuración de lo monstruoso: "El estremecimiento es la parte mejor de la humanidad... -decía Goethe-; sentimos lo enorme profundamente conmovidos".  

En una serie de sus narraciones, Sherezada cuenta las peripecias de Simbad el Marino en sus viajes comerciales por ultramar. Ahí se comparte ese horror, atrayente y común, por lo monumental: la tripulación de las distintas embarcaciones en que se aventura Simbad se encuentra con asombrosas ballenas durmientes que son confundidas con islas, aves Roc del tamaño de aviones que atrapan con sus garras a los humanos para llevarlos de a sus nidos como lombrices para sus crías, gigantes negros que se desayunan seres humanos después de asarlos... Fantásticos Súper Yos que habitan, amenazantes, en los límites del mar océano y sus pulsiones. Mitos de Estado... soberbios relatos de horror... en fin, literatura para niños.

Decía André Gide que Ulises tenía algo de Simbad... Creo que es al revés. 

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